23 de Septiembre

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Un día como hoy en el 1868 se gesta el consabido Grito de Lares en Puerto Rico. Esta insurrección de un pueblo armado y mal adiestrado intentó lograr la independencia de Puerto Rico ante el gobierno colonial Español. El Grito de Lares se realiza gracias a un fuerte sentimiento anticolonialista que se apoderó de las islas del caribe, resultando también en el Grito de Yara en Cuba (10 de Octubre), y se identifica con la gesta Dominicana de insurrección, en donde esta sí fue lograda. Los esfuerzos fueron cancelados luego por la Guerra Hispano-Americana del 1898, en la que Estados Unidos resultó victorioso, recogiendo como botín de guerra a las Filipinas, Guam y Puerto Rico de debajo del yugo colonial de España, sólo para hacernos parte del yugo colonial estadounidense hasta el sol de hoy.

Recordemos cómo a eso de la media noche los rebeldes llegaron a Lares en caballo y a pie. Entraron en las tiendas del pueblo, y saquearon con ira y sed de guerra. Luego, los rebeldes tomaron el control del ayuntamiento. Saquearon las oficinas de los peninsulares y se llevaron a sus funcionarios como prisioneros pues fueron considerados “enemigos de la patria”. En ese entonces, se levanta en son de gloria la Bandera Boricua confeccionada por el Brazo de Oro, Mariana Bracetti. Recordemos el esfuerzo y la valentía de personas como el Dr. Ramón Emeterio Betances y el Abogado Segundo Ruiz Belvis en la organización de este evento, y así mismo. la valentía y el esfuerzo de casi 600 personas comunes y corrientes, mal adiestradas en el arte de la guerra, por declarar, por unos instantes, la República de Puerto Rico a las dos de la madrugada del 23 de septiembre. Betances en la Bandera Boricua

A pesar de que luego, en San Sebastián, el Gobierno Español destruyese la militancia separatista y se acabase efectivamente con el esfuerzo ahora histórico por la independencia del colonialismo y la opresión española, no todo fue perdido, pues de ahí se declaran libres a todos los esclavos que se levantaron en revuelta de armas tomadas contra los españoles, y se abole el sistema de libretas de jornaleros en el país.

Esto, mis hermanos puertorriqueños, es parte de nuestro pasado.

Nuestro presente está delineado por el colonialismo y fue engendrado por la opresión del Gobierno Federal sufrida desde el 1898. La sociedad puertorriqueña ha crecido complacida con los avances “otorgados” por el Tío Sam, y ahora se le hace muy difícil poder despegarse de la teta del Gobierno Federal. Puerto Rico ha perdido su valor, su aire de guerra para ser una sociedad libre y soberana y se ha convertido en una isla de mantenidos con el ojo en la asimilación. En cambio, nuestra sociedad tiene que dar a sus hijos para pelear guerras ajenas, derramando su sangre por una nación que sólo piensa en cómo podrá beneficiarse de esta sociedad.

Como puertorriqueño, tengo que admitir que en este momento, la guerra por la independencia y la soberanía de mi isla es extremadamente improbable, porque gracias a las gestas de los partidos políticos de antaño y sus líderes “próceres”, la sociedad ha crecido con dos ideales principales: la asimilación absoluta o el Status Quo, las cuales han traído consigo la manta de la dependencia y nos han hecho creer que somos menos por ser tan pequeños. La libertad soberana de nuestra isla es ahora asociada con tercermundismo e inmundicia, con pobreza extrema y con decaimiento social; manchada con el miedo implantado artificialmente de no poder subsistir por nosotros mismos, y por ende, nos encontramos como un ave con las alas cortadas. Estamos dispuestos a dejar perder nuestra cultura para ser absorbidos por otra cultura. El pueblo lo pide a gritos, como niño que quiere su mamila; sólo se difiere en la manera de la entrega, pero el principio es el mismo… dependemos de otro.

Para que la independencia ocurra, sólo hay una solución: el Gobierno Federal tendrá que cansarse de otorgar mantenimiento a una sociedad distinta y finalmente nos tiene que tirar por el balcón para afuera, para que aprendamos a volar a las malas. Se tiene que arrancar esa mamila de la boca colectiva del pueblo. Y todos sabemos que esto no va a suceder, porque los Estados Unidos tienen en nosotros muchas inversiones, dependen de nosotros para estrategias militares y carne de cañón, y tienen una puerta controladora/controlada al resto del mundo. Sabemos que nuestra independencia no sucederá mientras nosotros estemos vivos.

Entonces, ¿en dónde quedamos? ¿Aceptamos por completo la asimilación, o seguimos en el lugar donde nos encontramos? porque un día como el 23 de Septiembre probablemente no vuelva a ocurrir en nuestra isla… y si ocurriese el intento, tengo mis reservas de que será exitoso.


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