Con el agua a los pies…

on March 23 | in Mi Mente, Noticias, Opiniones | by | with 2 Comments

Ya mismo vemos uno de éstos, cuando el agua nos llegue a los pies...El 23 de Marzo de 2011, en Puerto Rico se llevó a cabo un simulacro de terremoto,  que incluía un alerta de tsunami, en un adiestramiento llamado “Caribe Wave Lantex 2011”, donde el objetivo del mismo fue probar la efectividad del sistema de alerta (EAS, o Emergency Alert System) ante la eventualidad de una emergencia. Este simulacro se supone que recreara un terremoto de magnitud 7.6 en la escala Richter, que a su vez generaría un tsunami masivo, ubicado aproximadamente a 25 millas (40 kilómetros) al noreste del pueblo de Fajardo.

Este simulacro fue provocado por la histeria masiva basada en  la precaución que, con cierto nivel de razón, debemos tener en caso de un evento catastrófico, como un terremoto, o tsunami. Y es que eventos a nivel mundial han puesto a la humanidad en alerta, con una fundación certera, de que todos somos vulnerables a éstos actos de limpieza y re-acomodo de la naturaleza. Sumamos estos eventos al hecho de que la prensa en Puerto Rico se ha dedicado a sembrar el pánico, anunciando cada movimiento de tierra minúsculo que ocurre alrededor de la isla (que es el tope de un volcán muerto que a su vez se sienta en una falla gigantesca), y a las personas que dictan el acercamiento del fin del mundo, la segunda venida de Cristo y el Apocalipsis… y tenemos una histeria colectiva digna de ridiculizarse en noticias y libros alrededor del mundo. Es tanto así, que en algún momento leí que se hizo un estudio en Puerto Rico no hace mucho, que medía los latidos sobre acelerados del corazón de las personas a las que se les mencionaba la palabra “terremoto”. Ni decir de aquellos que vieron los vídeos de los acontecimientos devastadores en Chile y Japón.

Claro está, aquí en Puerto Rico, tenemos que ser siempre especial. “Puerto Rico Lo Hace Mejor”, según el Dr. Pedro Roselló, y una cultura de personas conformistas que con este “mantra” pretenden que todo sea mágica y automáticamente mejor, proyectando una cara falsa al exterior. Nuestra cultura provee para, en vez de tomar las oportunidades de mejorar, y… pues, mejorar, esperamos a que las cosas pasen y reaccionamos. O, se aplica  la fórmula de la cultura de la gansería ((Precio < Costo) + (Rápido + Fácil) + (Valor – Esfuerzo) = PARA MÍ) para no invertir en métodos de prevención, ya sea para desastres naturales, desastres tecnológicos, o físicos. “Si no hay que gastar en nada, ¿para qué gastar? Eso es malgastar…” y de la misma manera, siempre nos quedamos atrás.

Se supone, y pongo estrés en la palabra “supone”, que todas las estaciones de difusión masiva de información formaran parte de este simulacro; todos los municipios y agencias de gobierno deberían tomar acción. La ciudadanía debió haber participado también: dueños de empresas, empleados, en fin, todos, para así saber los planes de reacción y desalojo. ¿Le sorprendería si le digo que no fue así?

La mayoría de las compañías de celulares, entre ellas AT&T y Sprint, no participaron en el simulacro ni ofrecieron alertas a sus clientes. Pudieron haber enviado un mensaje de texto masivo, como lo hacen para cobrar o para anunciar cambios en sus sistemas. Fallos en los sistemas de alarmas a través de la isla fueron evidentes; por ejemplo: las alarmas de Mayagüez se reportaron tenues, en el Condado, una avenida entera se quejó que nunca escucharon alarma alguna, en Bayamón, a la altura de la escuela American School, si no fuera porque activaron el timbre estudiantil por largo tiempo, los vecinos del lugar no se enteran… y desde donde yo estaba, si no hubiera estado al tanto del simulacro, hubiera confundido la “alarma” del área con un taladro de alta velocidad haciendo un hoyo en concreto, la cual es una alarma PRIVADA, puesto que en TODA el área de San Juan NO existen alarmas de ésta índole. Y, lamentablemente, sin esa alarma, ni me enteraría de una catástrofe hasta que el abanico de la unidad de aire acondicionado me caiga en la cabeza, o el agua llegara al segundo piso y me mojara los pies.

Para mí, lo más chocante fue la inacción de las personas en mi lugar de trabajo. Nunca pensé que lo que habían dicho en el momento que se anunció la intención del ejercicio, fuese a ser realidad: que no había plan de evacuación ni de manejo de emergencias para la oficina ni sus empleados. Yo pensé que al menos algún ejercicio relacionado a abrir una puerta de escape o bajar/subir escaleras al menos presentaríamos. Qué mal me fue.

En la hora de almuerzo, escuché, en la cafetería que frecuento, a dos personas en la mesa inmediata a la mía hablando de su experiencia con el simulacro. Uno de los comensales, un hombre grande, corpulento, comenta que al acercarse la hora del simulacro, preguntó si tendrían alguna emisora sintonizada, aunque bajo circunstancias normales, no se puede escuchar música en sus lugares de trabajo. La respuesta fue, “no”. Luego, comentaba el comensal, que preguntó, “¿Qué vamos a hacer cuando ocurra el simulacro de terremoto y tsunami?”  A lo que, con una sonrisa media nerviosa, comenta que su jefe le contestó “un carajo”.

Dice el hombre a su compañera de almuerzo, “Mira, yo me sorprendí, porque si pasa algo, ¿cómo vamos a salir de la oficina? La única puerta de salida en nuestro piso tiene reja con candado, y no nos daría tiempo a llegar a las escaleras y bajar.”

La compañera, simplemente lo mira y encoje los hombros.

El hombre sigue con su relato, “Después le digo, ‘y en el caso que surja una verdadera emergencia, ¿qué hacemos?’ Y me contesta mi jefe, ‘no sé, jodernos aquí encerrados. Nos morimos, o te ponemos a ti a flotar y te usamos de balsa’. Mira como son las cosas…”

La mujer sorbe de su sopa y levanta la mirada, con ganas de reírse, pero se aguanta. El hombre no se percata (o no se quiere percatar) y continúa su relato. “Entonces viene el jefe y dice, ‘o también podemos sacar una escalera bien grande, y nos trepamos todos al techo, pero tú último, mijo, porque si sucede un terremoto, te caes de la escalera y nos jodes la vida a nosotros abajo’. ¿Tú ves cómo tratan a los empleados ahí?” dice el hombre, medio indignado.

La mujer por poco escupe soda en la cara del hombre.

“¿Por qué te ríes? Esto es serio”, dice el hombre. “¿Y ustedes que hicieron?”

“Pues,” comenta la mujer, “no se hizo prácticamente nada. Apenas escuchamos la alarma sonar, y nuestros jefes nos dijeron que nos mantuviéramos en nuestros lugares. Una dijo que era una falsa alarma y que nadie podía dejar su lugar de trabajo para participar en un simulacro que no les rendía dinero. Que no se podían dar el lujo de dejarnos perder el tiempo, parados como idiotas por un rato”.

Y así continuaron sus tertulias, que se sumaban a las de los demás comensales en la cafetería; todas referentes a lo mismo: la falta de organización y de esfuerzo por parte del gobierno y empresas privadas para hacer de éste simulacro al menos un moderado éxito. Podría entrar en cómo el gobierno gasta millones en dietas innecesarias, viajes, propaganda, y contratos inflados; enterrando barriles de tocino o marcando hojas de proyectos de interés personal. ¿Para qué? Todo esto, mis hermanos puertorriqueños, ustedes lo saben. No necesito repetirlo. Lo que sí quiero decir es lo siguiente:

Gobierno de la isla; jefes de negocios privados, presidentes de corporaciones: no jueguen con la seguridad, salud y el bienestar de sus empleados. No nieguen a estos seres humanos el derecho a una educación que podría salvar sus vidas; un proceso que podría mantenerlos vivos para que puedan regresar a los suyos, y ayudar, en caso de una emergencia real. No es justo para el empleado que deja el cuero para ustedes día a día, que no se le provea al menos un plan de evacuación escrito. Es necesario que sus empleados se sientan seguros en sus lugares de trabajo. Es bien sabido que el desempeño de un empleado está estrechamente relacionado con su satisfacción en la empresa para la cual trabaja. Es por ésta razón que la suma mayoría de los puertorriqueños están desencantados con su trabajo… principalmente en puestos gubernamentales de cuello azul y sin cuello. Y mientras dejen de preocuparse por sus empleados, sus negocios no crecerán porque, si a usted no le importan sus empleados, ¿cuánto más aparte de recibir un cheque de nómina todos los días de pago le podrá importar usted y su empresa a ellos?

Aunque, en realidad, de ocurrir un terremoto real, y un tsunami, eso no va a importar nada… puesto que por su culpa, la pobre infraestructura de los edificios del país, y la poca educación, probablemente todos perdamos la vida. Mis hermanos puertorriqueños, no nos engañemos más: Puerto Rico lamentablemente NO ESTÁ PREPARADO para ninguna catástrofe natural que no sea un huracán de mediana categoría. Nuestra infraestructura es un chiste; nuestras alertas de emergencias son menos que mediocres, y nuestra educación al respecto es nula. Lo que es más, nuestra disposición a bregar con estos asuntos, desde cualquier punto de vista, empleado o jefe, simplemente no existe. Si no podemos hacer dinero con nuestros trabajos, simplemente no nos interesa. No nos preocupa.

Dicho sea de paso, en mi hogar ya hay plan de protección y evacuación, implantado por María Elena y yo; en mi compañía aún no hay un plan de evacuación. Espero que eso se resuelva pronto.


* La fórmula de la cultura de la gansería ((Precio < Costo) + (Rápido + Fácil) + (Valor – Esfuerzo) = PARA MÍ) no es real, aunque parezca serlo.


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2 Responses

  1. Lourdes says:

    No puedo estar mas de acuerdo con todo lo escrito. Es muy lamentable que la gran mayoria vio esto como un chiste y no le dio la importancia. Creo que yo por poco infarto al ver la falta de seriedad en los jovenes de hoy dia y de las personas en general. Al igual que tu yo tengo un plan de emergencia y un punto clave de encuentro para mi familia….. Creo que el desastre de ayer, fue lo que le provoco una emergencia cardiaca al Alcalde de Toa Baja……

  2. Hammed Silva says:

    Lourdes, Vega Borges salió en la radio diciendo que estaba complacido con la respuesta de su pueblo… parece que más que el desastre que tuvo que tapar, fue más el tener que decir semejante mentira.

    Bueno, yo sólo espero que no pase nada, porque si pasa algo, la limpieza va a ser tal que los que quedemos nos vamos a tener que ir. Nadie va a querer limpiar cuerpos muertos, los doctores se irán en huelga porque trabajarán 18 horas y dormirán 4, los policías a paro porque no les pagan bien las horas, y los demás que quedan a protestar porque las agencias de gobierno no responden como es debido… mientras habrán saqueos, matanzas… en fin, un caos.

    Saludos!

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