¿Será esta la bandera de Estados Unidos en un futuro?

La ironía en la búsqueda de la Estadidad

on November 14 | in Mi Mente, Notas Generales, Opiniones, Personales | by | with No Comments

¿Será esta la bandera de Estados Unidos en un futuro?

¿Será esta la bandera de Estados Unidos en un futuro?

Me resulta (irónicamente) gracioso leer las noticias en estos días, después de las elecciones presidenciales y las elecciones para la gobernación de Puerto Rico. Mientras en Puerto Rico se pelean por el estatus político de la isla y la inclusión de la misma a la Unión Americana, en Estados Unidos hay personas que desean que sus estados se separen… “pacíficamente”… de la unión. ¿Las razones? La propuesta escrita por un residente de Texas, de nombre “Micah H.”, dice, según reportado por la publicación electrónica de The Examiner entre otros tantos:

“Los Estados Unidos continúan sufriendo de dificultades económicas que se desprenden de la negligencia del gobierno en reformar los gastos domésticos y extranjeros. Los ciudadanos de los Estados Unidos sufren de descarado abuso a sus derechos por parte de agencias como la NDAA (National Defense Authorization Act) y la TSA (Transportation Security Administration), entre otros. Teniendo en cuenta que el estado de Texas mantiene un presupuesto equilibrado y es la economía número 15 en el mundo, es prácticamente viable para Texas retirarse de la unión, y al hacerlo, protegería a sus ciudadanos de perder su calidad de vida y volver a asegurar sus derechos y libertades, de acuerdo con las ideas originales y las creencias de nuestros padres fundadores, que ya no se refleja en el gobierno federal”. (Lea la noticia aquí)

Este residente de Texas, y los más de 95,000 firmantes (hasta el momento de la publicación de esta nota) no están solos. Resulta que residentes de otros estados de la nación, como Florida, Carolina del Norte, Louisiana, Tennessee y Georgia, entre otros residentes de otros estados de la nación,  también han formulado peticiones similares. Se esperan que más firmas sean añadidas a estas peticiones, como también residentes de otros estados de la nación. El panorama se abruma aún más cuando se vislumbra que residentes de todos los estados realicen su propia petición bajo la Red de la Casa Blanca de Peticiones en Línea (“We The People”)

Hay que notar que los estados de la nación, como tal, como ente, no quieren la separación, y en Texas, a pesar de que el Gobernador Rick Perry sí está de acuerdo con que “El gobierno Federal ha fallado”, se ha distanciado de la petición, sigue en pie de lucha por la unión, e incita a mantenerla, inclusive cuando Texas no tiene derecho  a separarse de la Nación, aunque sí puede separarse en cinco estados diferentes. La clave aquí es que una cantidad de residentes de esos estados han formulado y firmado peticiones para desvincularse de la Nación Norteamericana. ¿No les parece irónico que estados de la Unión Norteamericana quieran separarse y ser independiente, mientras que aquí le huyen a la independencia como si la misma fuera un leproso? ¿No les parece más irónico aún que mientras aquí en Puerto Rico, nuestra gente se pelea por ser parte de la nación… y estos residentes de estos estados se quieren separar de ella?

Recordemos que en estas pasadas elecciones para la gobernación (6 de noviembre de 2012), se llevó a cabo un plebiscito, inicialmente ideado por un “Task Force” creado por el Presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, y realizado por el gobierno de turno liderado por el Partido Nuevo Progresista, encabezado por el entonces gobernador Luis Fortuño. La realización del plebiscito, el modo de entrega y a qué medidas y líneas partidistas se pudo o no haber convenientemente ajustado, podría discutirse en otro momento; por ahora, mantendremos los hechos de que el PNP fue quien llevó a cabo el plebiscito, el cual fue ideado por el Task Force, y dejemos a un lado cómo fueron interpretadas las instrucciones del mandato. Tomemos el hecho de que, sin necesidad de sumar, ni restar, ni hacer cálculos ni inventos numéricos, el pueblo pidió un cambio de estatus político que favoreciese la eliminación del estatus de “colonia” que llevamos con nosotros como una cruz, independientemente del tipo de separación favorecido en la segunda pregunta. Ahora, si se toman los resultados expuestos en la segunda pregunta, de nuevo, sin sumar ni restar, ni hacer cálculos extraños mientras se brinca en un pie y se hace la danza de la lluvia, tenemos un claro desvío hacia la estadidad.

El propósito de discutir estos dos puntos juntos en una nota es el siguiente: Según la noticia, se toman 25,000 firmas en un período de 30 días para que el congreso de los Estados Unidos se tome la molestia de ver y considerar tan descabellada petición de parte de los residentes de los estados antes mencionados. Es más, esa es la condición para que el Congreso tome en consideración cualquier petición que quiera hacer cualquiera. Sin embargo, después de varios plebiscitos, millones de dólares malgastados en procesos de votación masiva, y en aparente relación directa con nuestra ciudadanía Americana de segunda clase, el Congreso ni se ha molestado en tan siquiera considerar una situación de tan suma importancia para 4 millones de habitantes como lo es la eliminación (o modificación) del estatus colonial presente.

Nunca me imaginé que todo lo que se toma es una petición en una página de Internet. Dicho sea de paso, no hay ninguna hecha para este efecto por ningún puertorriqueño.

Nuestro pueblo sigue viviendo del sueño, esperando, pidiendo, y creyendo que tiene derecho a ser mantenido por el Gobierno Federal. Ah, pero si viene la independencia, “nos vamos a morir y esto será peor que Haití”, dicen los detractores. Del mismo modo, me pregunto yo, ¿Podremos subsistir como pueblo si hay que trabajar por levantar al país, o habrá emigración masiva? De una manera (anexión) u otra (status quo), el pueblo simplemente no desea la separación completa de los Estados Unidos, porque existe el miedo a la independencia y a la soberanía absoluta. Esto es lo que han elegido constantemente. El pueblo sigue buscando la manera de hacer cambios que entren por la cocina del Congreso, ingeniando trucos, maquinando trastadas, para poder conseguir lo que quieren con el más mínimo esfuerzo necesario; características descriptivas lamentables del puertorriqueño promedio. No hay que negarlo: si el Tío Sam fuera una figura de carne y hueso y se apareciera en el aeropuerto ofreciendo la estadidad para Puerto Rico a cambio de pleitesía, muchos doblarían rodilla antes de luchar.

Mis hermanos puertorriqueños, es claro que el Congreso de los Estados Unidos no tiene el interés de otorgarle a una isla que ellos consideran (y que parece ser cierto) llena de crimen al extremo, empobrecida y maltrecha, una estadidad que, a fin de cuentas, será una estadidad criolla en donde la diversidad de culturas juega el papel más importante de esta novela: los americanos no están dispuestos a asimilar y adoptar nuevas costumbres, y nosotros no estamos dispuestos a hundir nuestros patrimonios en un mar de racismo, indiferencia y desdén. Todos sabemos que no estamos dispuestos a perder nuestras futuras reinas Miss Universo, ni nuestro equipo olímpico, ni las representaciones deportivas que nos destacan. Aun así, uno de los dos tiene que ceder…. pero con estas condiciones poco justas, en donde 25 mil americanos continentales tienen más presión en el Congreso que 1.75 millones de electores americanos insulares, no podremos prevalecer en la búsqueda del fin del coloniaje. Adivinen por dónde es que parte la soga.


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