Puerto Rico en las manos del Creador

Puerto Rico en las manos del Creador…?

on June 19 | in Mi Mente, Opiniones, Personales | by | with No Comments

Esta es la primera parte de un artículo que consta de dos partes.

Hace mucho tiempo que vengo contendiendo con la idea de escribir algo sobre la religión y la situación social por la que atravesamos. El catalítico para que al fin me tomara el tiempo de escribir algo al respecto, ha sido el constante bombardeo de peticiones de oración y bendiciones para Puerto Rico por las redes sociales, en las noticias por televisión y prensa escrita. La gente se empeña constantemente en encomendar a Dios el país y su estado socioeconómico tan deprimente y decaído. Por un lado, le piden al Todo Poderoso que saque a Puerto Rico del abismo en el que se encuentra con oraciones públicas, plegarias y memes con imágenes de Jesús y paisajes preciosos llenos de mensajitos positivos. Por otro lado, juzgan apostasía, condenan la homosexualidad y desechan las opiniones fuera de sus creencias personales. Mis hermanos puertorriqueños, permítanme dejar mi opinión en este tablón gigantesco de expresión pública, si no es mucha molestia.

Empecemos por dejar claro que, para poder ver esta situación con la mente clara, hay que entender que tenemos que dejar los pensamientos subjetivos en la puerta. En otras palabras, hay que ver la situación de modo objetivo; no dejar que el sentimiento nuble el pensamiento. Si desde ahora entramos prejuiciados con la mente de “ah, ahí viene este a hablar mal de mi Dios y mi Religión”, lo mejor que puedes hacer es dejar de leer… pero si entramos con una mente abierta, podemos continuar. Vamos a ejercitar la lógica.

Seamos claros: pretender dejar el estado socioeconómico de un país entero en las manos del ícono representativo de una religión no me parece que sea una solución muy inteligente. Ni siquiera voy a entrar en lo que yo pueda creer; tampoco voy a juzgar a quienes creen. Después de todo, la religión tiene una función en la sociedad… lo que no tiene, a todas luces, es cabida en la toma de decisiones críticas por parte del gobierno, que afectarían a millones de personas, muchas de las cuales no están adoctrinadas, o no aceptan la doctrina impuesta.

El no trabajar por lograr un cambio, o al menos intentar señalar dichos cambios a los que sí tienen el poder de hacer la diferencia, sumado a la dejadez del pensamiento que se entabla en la creencia fehaciente de que un Ser Supremo nos salvará de una debacle social inmensa, es irresponsable. El creer que un país debe ajustarse a ciertas creencias religiosas es simplemente delirante. La fe ciega no debería tomar el control de nuestras vidas. Y, ¿qué es esto? Pues tomar todo lo creyente como cierto, sin tener presente que constantemente se pone a prueba la veracidad de las reclamaciones de las diferentes doctrinas.

Vamos más lejos: pensemos en los cristianos que critican a los musulmanes por el trato de la mujer dentro de su religión, y condenan dicho trato como malo, pecaminoso, injusto, e inmoral… cuando la misma biblia cristiana llama al apedreamiento de la mujer que se acueste con un hombre fuera del matrimonio, entre otras (a veces peores) barbaridades. O, quedémonos más cerca de nuestra realidad actual: “Dios aborrece al pecado pero ama el pecador”. ¿Significa que por eso debemos aborrecer a nuestro hermano homosexual, y negarle los derechos? No, pero eso es exactamente lo que sucede. El que menos, busca la “cura” a la enfermedad, y dice que no tiene nada en contra de “ellos”, que tiene amigos así, y que todo está bien siempre y cuando “no se me peguen ni me hagan nada”. El que más, es acusatorio, inflamativo y crudo en sus insultos, y hasta llega a una solución física. La realidad es que, aborreciendo el “pecado”, aborreces al pecador.

En vez de dejarlo todo en las manos de un creador, tenemos que abrazar este concepto relativamente nuevo (de más o menos 100 años de edad) llamado “Justicia Social”. Este concepto apunta a la distribución de bienes y derechos de manera más equitativa en una sociedad. Moralmente, podemos argumentar que los cánones anteriores quedan obsoletos con el advenimiento de este concepto. Sin embargo, es iluso pensar que la moralidad social es nuestra para repartir, y mucho menos en una sociedad pluralista. Lo que sí podemos hacer es, como dijo un buen amigo mío en una conversación, educar a la sociedad, ayudar en su entendimiento, a los que así lo pidan, a los que deseen conocer más.

Mis hermanos puertorriqueños, abramos los ojos a una realidad: una sociedad se rige por su ética moral, y aunque la ética no sea absoluta, es el canon que mantiene los engranajes del sistema (definido como una suma de varias partes que trabajan con un mismo propósito) en funcionamiento. Esa ética debe ser de carácter humanitario y no de carácter religioso, porque el absolutismo de las doctrinas no aplicaría a todos los miembros de la sociedad. En otras palabras, “no todos jalamos pa’l mismo la’o”, y así no se puede llevar la fiesta en paz.


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