Fiestas de la Calle San Sebastián 2014

Seguridad, Libertad y Libertinaje – San Sebastián 2014

on January 21 | in Mi Mente, Opiniones, Personales | by | with No Comments


Estuve siguiendo en los días pasados (no muy de cerca, tengo que admitir) las incidencias acerca de los cateos en las Fiestas de la Calle San Sebastián 2014, ordenados por la alcaldesa de San Juan, Carmen Yulín Cruz. Si eres puertorriqueño y vives debajo de una piedra, o si no eres puertorriqueño y no sabes qué son las Fiestas de la calle San Sebastián, lo voy a resumir en unas cuantas líneas:

Es una fiesta que goza de gran popularidad, que se lleva a cabo por cuatro días (y antes eran más) en San Juan y que da fin a las fiestas navideñas (porque los puertorriqueños somos así, tenemos fiestas para acabar fiestas). Este festival que se supone que tenga una base religiosa y que sea en honor a San Sebastián (soldado romano y mártir Católico, asesinado por el emperador Diocletiano durante la persecución de los cristianos en su reino),  atrae una gran cantidad de puertorriqueños que gustan de festejar en masa, apretujados en calles angostas del Viejo  San Juan, bebiendo hasta la inconsciencia, y generalmente festejando sin control por cuatro días consecutivos. Lo menos que se hace es honrar al santo.

Este año, Carmen Yulín, a raíz de la violencia suscitada en años anteriores y especialmente el año pasado donde hubo una muerte, decidió implementar puntos de verificación (cateo), negó la entrada de neveritas de playa y de otros artículos, para “el disfrute sano de la familia”. Cerró las calles de San Juan con verjas de metal y estacionó una gran cantidad de policías en los perímetros.  No hay mención de los más de 60 negocios que venden alcohol a cualquiera que se lo pida.

Si bien estaba (y estoy) a favor de los cateos, no me parece que fuese necesario haber gastado tanto dinero en verjas “cyclone fence” para mantener a la gente adentro. Este dinero es necesario para otras cosas… por ejemplo, para los retiros de maestros y policías, que han sido mutilados sin pena por el mismo gobierno. Pero no; la idea era confinar a miles de personas a unas calles en específico, en una isleta que solo tiene dos o tres salidas como quiera.  Me imagino que estarán pensando que Juanito Matapuercos querrá colarse y no pasar por los puntos de cateo para que no le quiten la neverita y la cuchilla, y por eso decidieron encerrar las calles. A lo mejor pensaron que la gente no iba a hacer lo que le diera la gana como quiera,  Como sea, a menos que la gente se trepe por las paredes fortificadas que los españoles irguieron alrededor del Islote de San Juan hace alrededor de 500 años atrás, con cerrar ciertas calles clave hubiese bastado… y encerrar a la ciudadanía como cerdos en un corral no era necesario.

Al menos, esos eran los planes. Carmen Yulín luego decidió que las verjas “en realidad se veían feas y daban una impresión que no era la que queríamos dar”. Su razonamiento no fue el correcto pero pasó lo que debía pasar. Luego, la Jueza Superior Giselle Romero determinó prohibir el cateo hasta que no se llegara a un acuerdo entre la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU) y el Municipio de San Juan. Este acuerdo nunca se suscitó y los cateos fueron como quiera prohibidos pues la jueza determinó que eran anti-constitucionales. ¿La base de esto? La ACLU se quejó de que los cateos eran inconstitucionales, junto con miles de puertorriqueños que curiosamente se someten a cateos similares (lee: no iguales) cuando van a Disney, Universal, o a cualquiera de los cientos de parques temáticos que existen; o cuando van a un concierto, o cuando van a viajar, o cuando van a algunas de nuestras fiestas patronales en algunos pueblos calientitos, y lo hacen con una sonrisa en la cara, (mayormente) bien organizaditos. Pero aquí, donde más se necesitaba, no los quisieron y por poco hasta protestan.

Aquí es inconstitucional. Cuando se trata del bienestar de otros en nuestro propio pueblo, es inconstitucional, es nazi, es socialista, es injusto. Ah, pero sale uno muerto, cuatro heridos, tres violadas, veinte robos, y entonces es culpa de la policía y el gobierno por no proveer seguridad suficiente.  De la única manera que no hay riesgo es si no se expone a las cosas.

Por lo menos no hubo nada grave que lamentar.

Se podrán imaginar las reacciones de la… gente… cuando se anunció que no habría cateo. Porque, después de todo, ¿qué es una fiesta de pueblo en Puerto Rico sin descontrol social? Los festivales de Las Máscaras y los de La Novilla no le bastan a la gente para darse cuenta de la diferencia básica entre hacer algo de forma decente y controlada, y hacer lo que le salga del forro a la gente, en todo momento.

Mis Hermanos puertorriqueños tienen que aprender la diferencia entre libertad y libertinaje. Son dos conceptos ajenos para la gente, que verdaderamente hay que inculcar en nuestra sociedad. Son dos conceptos totalmente diferentes entre los que hay que aprender a discernir. Vecinos de San Juan reportan gente teniendo sexo en los callejones y balcones obscuros, gente orinando en las escaleras de sus casas, personas peleando, hiriendo otras personas. Han visto a gente tan borracha que la policía se los tiene que llevar para luego volver a recoger otros más. Hombres agarrando a mujeres, niños bebiendo… bueno, un descontrol total.

En esta sociedad en la que vivimos, el libertinaje es la orden del día, según yo entiendo, porque la presión de vida es mucha, y de alguna manera, la gente se siente con derecho a hacer lo que quiera; se sienten que se les debe algo por su esfuerzo que no se remunera propiamente. Esto es un derecho falso que crea un concepto distorsionado de la libertad de hacer algo. Cada acción tiene su consecuencia. La libertad nos permite asumir esa consecuencia; el libertinaje dicta que eso no importa.

Las fiestas de pueblo en mi isla ya son un descontrol total. Es una pena grandísima porque usualmente estas fiestas tienen un valor cultural grande del cual podríamos aprender y disfrutar verdaderamente en familia… pero, lamentablemente la zahorria y el libertinaje rampante de mi Puerto Rico no nos deja. Combinamos eso con la falta de respeto que se le tiene a la fuerza policial y al gobierno, y añadimos el flagrante desprecio por las leyes impuestas, y tenemos los resultados que a cada rato vemos en la prensa, que suceden en estos festivales que mencioné arriba.

Mientras no haya control, ya sea auto-impuesto o impuesto por el gobierno, nada va a cambiar… y es una pena, porque son fiestas que cargan un peso cultural increíble, pero que se dañan con el libertinaje y la chabacanería que caracteriza al puertorriqueño promedio.


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